jueves, 7 de enero de 2010

Una historia inmemorable del amor

Hace millones de años, el amor campaba a sus anchas por los mares. El agua , era el único medio de vida,y ésta se materializada en oceános. No tengo constancia de ello, pero la ciencia omnipresente en estas lides puede confirmarlo. Yo no me dedico a demostrar teorías, eso le corresponde a sesudos científicos y expertos.
Bien, como decía el amor nadaba libremente. Una subida temperatura , sería terrible para aquellos paramecios, bacterias y protozoos; supondría aguar más la sopa , aquella sopa de la vida en estado latente .Comenzaré presentando a los habitantes de tan singulares estepas.

El paramecio era aquél tipo refinado,con chaqueta de frac y bigotito tieso y ralo. Solía ser refinado, gustoso de la buena vida, la ópera no se había inventado, pero existían las carreras de erizos de mar que eran arrastrados por las corrientes marinas a lo largo del oceáno- ( las pelusas del fondo marino). Pecaba de petulante y prepotente quizás , pero eso no dejaba inadvertido a las bacterias.
Faltaban muchas cosas, por faltar , faltaban : ojos ,piernas , manos , piernas, cara , pomelos, pómulos, orejas,... Lo que sí es cierto es que el amor se había convertido en una forma de vida, una forma de coexistencia para salvar los peligros e importunios de la vida marina.

Las bacterias flirteaban desperezadamente con los paramecios, estos iban a desempeñar su tarea. Multiplicarse sin remordimiento alguno. Pero las bacterias que tienen memoria, recuerdan los paramecios malos que los trataron de esa manera tan insulsa y desdeñable. Así que cuando aprenden la lección, buscan un fornido protozoo de brazos anchos y sonrisa fulgurante para lanzarse a echarle el lazo. En otro día y entrega, me dedicaré a hablar de las bacterias, señoras y reinas de los mares de allende.

Algunos paramecios pasaban toda su existencia , dentelleando bacterias por aquí , bacterias por allá..., pero llega un momento que se ven obligados en vista a sus debilitados atributos y desgastados , en coexistir con una bacteria para el fin de las eras.
Quedan atrás los tiempos de batida , en los que el paramecio se pavoneaba deshinibidamente por el suelo marino. Jactándose de su poderío físico , mental y espiritual.
Finalmente, los protozoos más inmaduros , y por qué no decirlo, con menos suerte y virtud en sus existencias respectivas- eso sin contar alguna canita al aire con alguna bacteria ligera de cascos por un módico precio de una cena por 42 euros en el Fridays,
son devorados por el oceáno , se mezclan con el polvo marino , para enriquecer aún más la sopa, pero no cualquier sopa, sino ,la sopa de la vida.

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