miércoles, 17 de agosto de 2011

Retórica en el ágora

De Schopenhauer aprendí que si tu rival en un debate se siente especialmente irritado por algún punto de argumento , se incida en él pues es el pilar más débil por derribar, la puerta por la que entraras a desmadejar su entramado argumental zafiamente construido. Ese que está atado con hilos tras los bastidores y sostenido por una serie de razonamientos que no son tal , que pueden ser más fruto del sentimiento y de la sensación ; de lo subjetivo,  en definitiva que de una objetividad razonable y universal.
De la Mafía,- Los Soprano- y más concretamente Tony Soprano, aprendí que recular de una afirmación o decisión reiterada de la que uno se creía convencido llevar a cabo y empecinado violentamente,  supone bajarse los pantalones en una disputa ,ergo todo ello tiene su precio: pierdes crédito y nadie te vuelve a tomar en serio de la misma forma en mucho tiempo. 
Adaptarse y razonar correctamente, volverse razonable por los intereses del grupo, y los propios tiene su recompensa. Así hizo la Naturaleza a los juncos:  ni demasiado rígidos , ni demasiado blandos para avenirse y prevalecer a las inclemencias y circunstancias que puedan venir.

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