martes, 16 de agosto de 2011

Y luego ¡ los profes!

Solía quedarme parado, recostado en una columna , con un cigarrillo  en la comisura de los labios y el sombrero calado sobre los ojos y , cuando llegaban a mi altura, soltaba un gargajo y alzaba el sombrero. Ni siquiera me molestaba en abrir el pico ni en darles los buenos días o las buenas tardes. Me limitaba a decir entre dientes : "¡ A tomar por culo, gilipollas!" , y listo.


Henry Miller. Trópico de Cáncer.

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