lunes, 31 de octubre de 2011

El instante fatal

Cuando entremos por la boca y de través
en el imperio de los muertos
con nuestras verrugas nuestros piojos y nuestros cánceres
como tienen todos los muertos
cuando el orificio nasal se cierre y vayamos bajo tierra
a reunirnos con todos los muertos
tras la degustación de las pompas fúnebres
con que rocían a los muertos
cuando el colmillo se caiga y mordamos el polvo
hecho de huesos de muertos
tapones de corcho en la oreja y hocico en el ataúd 
abrevadero para muertos
cuando el cuerpo esté molido por la fatiga medular
que revienta a los muertos
y el cerebro apolillado un tanto estilo gruyere 
atributo de los muertos
cuando los efímeros cotilleos precarios 
apenas lleguen ya a los muertos
y la espalda esté toda encorvada cual esqueleto anguloso
pues poco flexibles son los muertos
iremos a encontrar la morriña mortuoria 
que corroe a los muertos
acarreando nuestro féretro hasta el cementerio
donde refunfuñan los muertos
cuando el mundo haya mascullado las plegarias
que apaciguan a los muertos
y puesto nuestra causa en legajos de notarios
para que prescriba con los muertos
distribuyendo nuestros bienes y posesiones
como herencias de muertos
a vivos resfriados que como nosotros estornudan
y se suenan más que los muertos
cuando entremos por la boca y de través 
en el imperio de los muertos
entonces estaremos a punto velas lúgubres
de extinguirnos como muertos
y de cerrar de golpe el círculo elemental
que nos añade a los muertos
quemaremos nuestras últimas voluntades
en la llama de los muertos
y recapitularemos a la manera escolar
nuestros recuerdos de muertos
te ves de nuevo niño sonríes a la tierra
que cubre a los muertos
y sonríes al cielo techo azul luminoso
que olvidan pronto los muertos
sonríes al espacio irritado del mar 
que se traga a los muertos
y sonríes al buen fuego incendiario
que hace arder a los muertos
y te sonríen a ti tu padre y tu madre
ahora simples muertos
lo mismo que tíos primos gatos y abuelos
qué son si no muertos
y el fiel perro Arturo y el caniche Próspero
guau guau ladran muertos
y archicadáveres los viejos maestros
de tu época ya muertos
y archifiambres el carnicero y el tendero
una ciudad de muertos
y luego mírate hecho un joven camino de la guerra
donde aumentan los muertos
después te casas y al poco ya eres padre
que procrea futuros muertos
tu buen empleo buena vida y prosperidad
aprovechándote de los muertos
echas barriga pelo cano y gordinflón
execras a los muertos
más tarde la enfermedad y luego la miseria
te preocupas de los muertos
entre toses y temblores lentamente degeneras
te pareces a los muertos
hasta el día en que arrojado por la boca y de través
saltando entre los muertos
tratando de aferrarte a la sensación primera
de no ser de los muertos
deseoso de olvidar el vocablo arbitrario 
que designa a los muertos
quieres revivir por último la memoria plena
que te aleje de los muertos
¡ loable esfuerzo! ¡ justa labor! conciencia ejemplar
de la que se ríen los muertos pues
siempre el instante fatal llega para distraernos
Raymond Queneau . El instante fatal.

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